Relatos breves

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  1. En el mismo barco
  2. El Viaje
  3. De la mano del mar
  4. Honorio
  5. Los nardos de río Amargo
  6. El coleccionista
  7. Breve historia de amaneceres
  8. Viaje al futuro
  9. El vuelo del cóndor
  10. Búsqueda
  11. Rosa Méndez
  12. La memoria de Santi
  13. Mi partida
  14.  Y vio que el amor era bueno
  15. El autobús de la esperanza

 Honorio (fragmento)

Pepa salió disparada de su casa llenando de gritos la mañana:
– Ambro, Ambro, Ambrosio, ¿dónde estás, Ambrosio?
Sus vecinas se alarmaron, agrupándose en un santiamén en la calle. El griterío de mujeres sorprendió a Ambrosio Canales, cabo de la policía local del Ayuntamiento de Beniel, Murcia, de vuelta de comprar tabaco.
– ¿Qué te sucede, Pepa?, preguntó Ambrosio alarmado a su mujer. El griterío y murmullo de las mujeres no le dejaban entenderla bien.
– Callaos, coño, que esto parece un gallinero. Dime, Pepa, ¿qué te sucede?
– Ambro, no me vas a creer. Que la lavadora se ha puesto a lavar sola.
– No digas tonterías, Pepa. Estará enchufada a la corriente.
– Que no, Ambro, que el cable no está en el enchufe y está lavando.
– Me vas a volver loco, Pepa. Entra, que veamos tu lavadora. El primer vistazo de Ambrosio voló veloz al cable de red de la lavadora, que le cruzó por su mente como un chasquido relampagueante, forzándole a pensar en alto:  coño, si el cable está en el suelo y el tambor dando vueltas.
En un impulso mecánico se dirigió corriendo a una vivienda, ocho o diez casas más abajo en su misma calle, golpeando con fuerza su vieja puerta.
– ¿Qué diablos estáis haciendo que mi lavadora se pone en marcha sola?
– Aquí no estamos haciendo nada para que tu lavadora funcione sola, sentenció pacíficamente Manolo, socio de ensayos de Honorio.
– Que salga ese loco …
La figura, que avanzaba decidida en la penumbra del pasillo cargando el cuerpo hacia delante y dando tumbos a los lados, paró en seco la viva locución de Ambrosio.
– ¿Qué le sucede al señor cabo municipal?, inquirió Honorio clavando sus ojos de búho en Ambrosio.- A mí no me sucede nada, pero a mi lavadora, sí. ¿No estaréis ensayando con energía nuclear? Porque os aseguro que …
– Aquí no hay energía nuclear, masculló entre dientes Honorio. En un acto reflejo se sacó de su pantalón raído un viejo mando de grúa de obra, pulsó un botón amarillo, llevó sus ojos pausadamente a Ambrosio y le tranquilizó. Ya está. Su lavadora ha dejado de funcionar. Puede irse tranquilo.
Honorio dejaría a todos boquiabiertos. A Ambrosio, que tan pronto llegó a su casa, comprobaría que la lavadora se había parado. Al nutrido grupo de mujeres, que achacarían aquel incidente a la mano negra de la brujería, buscando de reojo en Honorio orejas peludas y rabo oculto. Pero sobre todo, sorprendió a Manolo. Tantos días a su lado y no había sido capaz de descubrir que Honorio manejaba y dominaba la energía a distancia.